Conocer el origen y la razón de ser de un lugar que te gusta, normalmente suele contribuir a que aún te guste más. Detrás de un proyecto siempre hay una historia que merece la pena ser contada, sobre todo cuando quien te la cuenta lo hace con la vehemencia propia de quien tiene una idea muy clara y una predisposición absoluta a defenderla a capa y espada.
A La Bodega de Serapio ingredientes para atraer y conquistar al público no le faltan: un lugar singular con más de un siglo de historia y magníficamente recuperado; productos de calidad para comer; una selección de vinos excelentes que se pueden probar en copas; una cerveza artesana muy conseguida; una buena música; espacios aprovechados por los artistas que quieren mostrar su obra y un servicio impecable.
El origen de La Bodega de Serapio se remonta a cuando uno de los hermanos adquirió el local detrás del cual llevaba mucho tiempo, y Paco y su hermano Antonio decidieron explotarlo poniendo en marcha una nueva actividad en la que carecían de experiencia. Paco nos cuenta que el local del antiguo y mítico almacén de vino llevaba varios años cerrado y en mal estado de conservación, especialmente el patio que estaba ruinoso. Pero tuvieron claro desde el primer momento que querían conservar la esencia y la autenticidad del lugar, lo que suponía mantener y recuperar todo lo que fuera susceptible de ser recuperado, incluida una de las antiguas tinajas y la poza donde se elaboraba el vino.
Sabiendo lo que querían y con muy buen gusto han logrado crear un espacio original y diferente, pero manteniendo estructura, detalles y aspecto, lo que le da un sabor añejo, pero impregnado de modernidad. El resultado de la intervención que llevaron a cabo en el local es un espacio amplio, con diferentes recovecos en los que tomar mesa y asiento, una parte reservada a la venta de vino y de productos de alimentación, y un patio que no tiene precio y en el que habitan tres cepas centenarias que él mismo arrancó, y que «tras un año de invernadero, han conseguido no sólo agarrar sino volver a dar uva. Y ahora son motivo para que los enólogos que vienen por aquí a hacer las catas alucinen cuando las ven».

Como ya hemos comentado, Paco y su hermano no tenían experiencia alguna en el sector de la hostelería, «pero quizá eso nos ha ayudado a emprender una aventura no condicionada por algunos malos vicios y hábitos que se adquieren con la experiencia». En los orígenes, el proyecto se concibió desde un concepto de nostalgia y con un deseo de reconocer de alguna manera esa actividad que en Albacete estuvo muy implantada como era la venta y distribución de vino al por mayor. De ahí que la idea original quisiese recuperar esa actividad de venta de vino, pero ampliando la línea de negocio introduciendo la venta de ibéricos.
De hecho, Paco asegura que desarrollaron una dura tarea para contactar con los proveedores y localizar los mejores productos para su venta y distribución en Albacete, lo que les llevó a recorrer muchas ferias. «En realidad, nuestra primera intención apuntaba a la venta pura y dura, pero el hecho de poner mesas para que la gente tuviera la opción de catar lo que aquí se vendía, sirvió para que La Bodega de Serapio se posicionará desde el primer momento como un lugar destinado al consumo»
Comenzaron ofreciendo vino, cerveza artesana (producida por otro de sus hermanos en Fuentealbilla), y un buen surtido de ibéricos para acompañar, pero con el tiempo han ido incorporando nuevos productos a la carta hasta contar con una amplia y variada oferta en la que hay donde elegir para comer o cenar.
No tienen cocina, pero en sus platos la calidad manda porque el criterio que se impone a la hora de hacer la selección es que sean alimentos preparados de forma artesanal y con sabor casero, nada de procesos industriales.
Vino por copas y descorche
Fomentar la cultura del vino es otro de los aspectos que da personalidad a su negocio. Además de tener vinos de la tierra se han empleado a fondo para encontrar vinos procedentes de otras zonas y ahora cuentan con alrededor de 150 referencias de vino de excelentes calidad aunque sean poco conocidos. Y es aquí donde introducen un elemento muy apreciado por los amantes del vino como es el poder probar un vino exquisito por copa. Cada semana cambian la carta de vinos proponiendo a los clientes cuatro tintos, cuatro blancos y dos rosados, pero por si acaso ninguno de ellos resulta tentador, aún van más allá dando la posibilidad del descorche, es decir que el cliente elija el vino que quiera para tomar una copa y luego pueda llevarse la botella a casa.
La Bodega de Serapio acaba de cumplir su primer año de vida en Albacete y el balance es altamente positivo a la vista de la acogida que ha tenido en la ciudad y de las opiniones de quienes se dejan caer por allí y que, según asegura Paco, son el mejor indicador para poder ir mejorando día a día, pero sin de vista el concepto de su negocio. «Nos gusta escuchar todas las sugerencias de los clientes, pero queremos respetar el concepto que nos inspiró y eso incluye diferenciarnos con lo que ofrecemos, y por ese motivo no tenemos intención de introducir refrescos, café o copas, igual que tampoco hemos puesto televisión para ver el fútbol».
Para celebrar su primer aniversario ofrecieron un programa de conciertos de música en directo por la noche aprovechando el magnífico escenario que les proporciona el patio. La intención es mantener esa línea y ofrecer todas las semanas una actuación de música en vivo. Además realizan catas para dar a conocer los vinos y por aquello de no parar, están ahora perfilando un proyecto relacionado con el enoturismo.
Nos gusta además que La Bodega de Serapio cuide todos los detalles, desde la música hasta su imagen corporativa, pasando por su oferta gastronómica.
Calle Méndez Núñez, 8. Albacete