Sabiendo que corro el riesgo de clasificarme en una de las categorías de gilipollas patentadas por Raúl Cimas, no me voy a quedar con las ganas de empezar, más que citando, acordándome de Mark Twain, quien dijo que el humor es el arma más efectiva que tiene el ser humano.
Será por eso que cuando las cosas vienen mal dadas el humor se hace más necesario que nunca y su consumo imprescindible para poder desenfocar las situaciones y los acontecimientos que nos rodean.
Y será también por eso que el humor vende, y cuanto más surrealista mejor, porque al menos te libera de muchos de esos personajes reales que, si bien son calidad de primera para la mofa y la sátira, en el fondo siempre nos dejan esa sensación agridulce de me río por no llorar.
Hay que agradecer por tanto a Raúl Cimas que su cómic “Demasiada pasión por lo suyo” esté dedicado y poblado de personas flipadas que, tal y como él explica, son las más numerosas y las que más abundan en este mundo: “Hay más flipados que católicos, que calvos con perilla, que autónomos…” . Y reflexionando sobre ello se queda corto porque es raro encontrar a una sola persona que no tenga pasión por algo. Nadie se salva de fliparlo, con lo que sea.

David, de Librería Circus, flipándolo con el cómic de Cimas
Y hay que agradecerle también que lo presentara ayer en la Librería Circus de Albacete; que lo hiciera además vestido, porque podía haberle dado por practicar el nudismo por una cuestión de márketing; y que lo hiciera en compañía de su amigo y compañero de comedias Julián López
Cimas nos habló ayer de cómo y de dónde le llegó la inspiración y de los personajes que desfilan por su libro. Por ejemplo de Názarin, un nazareno del copón que decidió ser él mismo y no quitarse el capuchón para ejercer todo el año; Pedro Panadero; Yogur de Piña; Chicho, un flipado de la cancha; o de Pili y sus minibromas, imprescindible para comprender qué es el humor mínimo.
Que el cómic esté prologado por Javier Cansado ya es una señal de que a partir de ahí lo absurdo campará a sus anchas. Su maestro de ceremonias ayer, Julián López, comentó que la periodista y escritora Maruja Torres había dicho de Raúl Cimas que era capaz de hacer humor de la nada, y quizá ahí reside su talento, en ser capaz de provocar la risa diseccionando y analizando detalles a los que otras personas no le conceden la más mínima importancia o que directamente le pasan desapercibidos.
Cimas explicó que sus dibujos no son gran cosa porque no quería entretenerse más de lo debido en los trazos, pero eso lo dice por quitarse mérito porque al fin y al cabo se licenció en Bellas Artes e imaginamos que lo hizo por algo más que por conocer las casas colgadas de Cuenca.
Pero no lo debe hacer nada mal para haberse estrenado en el mundo del cómic de la mano de la editorial Blackie Books, que si por algo se caracteriza es por la elección del material atendiendo entre otros criterios a la actitud y posicionamiento de cada obra ante la vida, así como por sus cuidadísimas ediciones, dando siempre al libro un valor añadido.
No vamos a desvelar nada más porque los libros están para leerlos, y si es un cómic, también para observarlos con atención. Muy recomendable además entretenerse un rato con el catálogo de gilipollas para darte cuenta de que no se salva nadie.