De regreso a la sabana manchega comprobamos que todavía son muchos los mochuelos que no han vuelto a su olivo, pero gradualmente irán llegando y poco a poco recuperaremos el pulso. Lo primero de todo os queremos pedir disculpas por haber estado unas semanas fuera de servicio y sin actualizar contenidos ni agenda, pero en cierto modo lo hemos hecho para que tuvieseis la sensación de que el tiempo se había detenido aprovechando que el verano os gusta bastante.
Tras salir en estampida al grito de «el último que cierre», tuvimos el gusto de viajar a Canadá, concretamente a la región de Québec, una isla francófona en la inmensa Norteamérica, donde os adelantamos que es complicado encontrar un empleo si no se domina el francés (lo de su lengua lo llevan a rajatabla) y en donde, en el supuesto caso de encontrarlo, no es fácil quedarse más de un año. Esta gente vive demasiado bien y parece que no están por la labor de renunciar a ese bienestar del que disfrutan en aras de convertirse en un país de acogida.
A mayor respeto, menos prohibiciones
Descartada la compra de una granja y el cambio de residencia, en esta toma de contacto hemos podido empaparnos al menos de todo lo que allí se cuece y la conclusión es categórica: Montreal es posiblemente de las ciudades más alternativas, más habitables y más tolerantes que hemos conocido. Y esta es la opinión que de ella tienen además su propios habitantes, con independencia de su lugar de procedencia. Así nos lo contaban nuestros anfitiriones, una canadiense y su novio español, y también la dueña de una cafetería panadería, una portuguesa que lleva 23 años allí y que tiene claro que a su país vuelve por vacaciones, pero para nada más. En pocas palabras resumió el espíritu de Montreal: Aquí cada cual hace y va como quiere y nadie te mira. Y así es. Y no es indiferencia, sino respeto ante cualquier actitud, aspecto, raza, estatus…

Además, debido a la climatología extrema que sufren a partir de noviembre y que se prolonga casi nueve largos meses, durante el verano la ciudad tiene una intensa y variopinta actividad en calles, parques y cualquier espacio público que salga a tu encuentro. Igual te montan un concurso de Skate que toman un barrio entero para que los graffiteros decoren las pocas medianeras que aún quedan vírgenes en Montreal. Hay mercadillos en los que la gente acude a vender sus productos, la mayoría orgánicos y naturales. Hay pianos por las calles invitando a quienes saben tocarlo a ofrecer música a los viandantes; hay conciertos de pequeño formato; hay músicos callejeros sin autorización del Ayuntamiento de Madrid; hay gente campando a sus anchas en todos los parques y jardines, ya sea comiendo a mantel tirado, haciendo barbacoas, leyendo…; se practica todo tipo de deportes porque estos mismos parques y jardines están repletos de instalaciones que lo hacen posible; los uniformes se estilan poco en los gremios; las personas que atienden los bares y las tiendas siempre te desean un feliz día; muchísimas personas, con indiferencia de su edad y condición utilizan la bici como principal medio de transporte; las calles son tranquilas, silenciosas; en los barres nunca hay televisiones puestas y sí música ambiental estupenda a un volumen perfecto; ha exposiciones de fotografías al aire libre…
No queremos que se piense que sólo vemos crecer el césped en jardín ajeno, pero creemos que es bueno reconocer lo que se hace bien en otros lugares para tratar de imitarlo. No se trata de hacer comparaciones porque cada país, cada ciudad, cada territorio está condicionado por multitud de factores. Supongo que ser la segunda reserva mundial de petróleo ayuda a jugar con ventaja, sin contar otros muchos recursos naturales que poseen en abundancia. Allí la lluvia hace acto de presencia de forma recurrente y eso ayuda no sólo a tener un entorno natural espectacular, sino también a hacer ciudades más verdes donde los parques son auténticos paraísos y una especie de inmensa casa común.
Qué queremos y cómo conseguirlo?
El tamaño, el número de habitantes, los recursos naturales, la tasa de paro, sus gobiernos, sus habitantes…todo influye a la hora de hacer ciudad. Pero siendo conscientes de esta realidad, no es menos cierto que si tenemos una idea de hacia dónde queremos ir y qué queremos conseguir es mucho más fácil dar pasos que cuando se va a salto de mata ,sin un proyecto claro y con el convencimiento de que cambiar lo establecido es imposible.
Que en un parque se puedan hacer barbacoas obedece a distintos motivos: uno, que no hay prohibición que lo impida; dos, que el riesgo de incendio está minimizado; y tres, y el más importante, que los ciudadanos y ciudadanas se comportan de manera ejemplar velando por la conservación de lo público como parte de lo suyo.
Y dónde queremos llegar con este rollo que os acabamos de soltar? Pues a una obviedad: Y es que la responsabilidad de hacer ciudad y de transformarla recae sobre los gobiernos de turnos en gran medida, pero también de sus habitantes. Y si los primeros estén abiertos y receptivos a las propuestas que les vengan de fuera y se sacuden el miedo al cambio, pues perfecto, pero si no es así, la sociedad no se puede quedar paralizada a la espera de que los administradores hagan algo. No necesitamos obras faraónicas, sino intervenciones sencillas que aprovechen el espacio y los recursos disponibles y lo pongan al servicio de la ciudadanía.
En algún post ya hemos hablado de lo que se denomina empoderamiento urbano y lo hicimos a propósito de una iniciativa que nos gustó mucho: la fotocolada. Pero no ha sido la única. A pesar de la corta trayectoria de este blog han sido muchos los descubrimientos que hemos hecho en Albacete y que nos han sorprendido con ideas originales, como por ejemplo los amigos y amigas de Musikfreunde.
Confiamos en que esta racha continúe para poder seguir dando de comer a La Zebra Roja. Nuestras entradas siguen abiertas no sólo para conocer, difundir y apoyar vuestros proyectos e ideas, sino también para generar debate en torno a la ciudad que queremos.
En lo que a este blog respecta, damos por inaugurado el nuevo curso y esperamos contar con vuestra colaboración.
